Hotel Rosita, el primer hotel de Puerto Vallarta
Inaugurado en 1948, este hotel familiar lleva casi ocho décadas en el corazón del destino y de muchos de sus visitantes
Corría la década de los cuarentas; Puerto Vallarta era un apacible pueblo pesquero. Uno de sus habitantes, de nombre Alberto Torres, le encargó a su yerno, Salvador González, que le consiguiera un terreno para guardar sus reses.
Salvador se dio a la tarea y, a su juicio, creyó encontrar el lugar ideal. El terreno se ubicaba a las orillas del pueblo y por uno de sus costados corría el arroyo Coamecates –que bajaba por lo que hoy es la calle 31 de octubre–, por lo que además tenía agua dulce cerca para que tomaran las vacas.
Tras estas consideraciones, apartó el predio que hoy ocupa el Hotel Rosita, comprometiéndose a comprarlo con su entonces dueño. Orgulloso de su hallazgo, llevó a su suegro a conocer el lugar.
Al llegar, Don Alberto se mostró inconforme; la ubicación frente al mar no le pareció la mejor para el propósito de guardar su ganado. Sin saber que su yerno ya se había comprometido a comprarlo, le pidió que siguiera buscando.
Fiel a su educación en que la palabra valía más que un papel firmado, Salvador honró el compromiso contraído con el dueño del terreno y lo compró sin saber qué haría con él.
La recompensa al honor
Días más tarde, al caminar por la calle Juárez, vio unos cuartos que se alquilaban por mes. Salvador tenía una tienda de abarrotes –que, como todo comercio, tenía días buenos y no tan buenos–, por lo que decidió construir habitaciones en aquél terreno adquirido pensando en obtener ingresos más regulares.
Comenzó construyendo ocho cuartos con la intención de rentarlos a largo plazo, pero la suerte dictó su destino. Por aquél entonces, llegaban al puerto muchos agentes viajeros que visitaban la región para ofrecer sus productos. Al ver los cuartos de Salvador, comenzaron a pedirle que se los rentara por días, ya que ellos sólo estaban el tiempo necesario para realizar sus ventas.
Con su sensibilidad para los negocios, rápidamente se percató de que alquilar por corto tiempo le generaba mayores dividendos que rentar de manera permanente. Así, de manera circunstancial, nace en Salvador González la idea de crear un hotel que fue bautizado en honor a su primera hija, Rosa María, a quien de cariño llamaban “Rosita”.
En los años cincuenta, el crecimiento turístico de Puerto Vallarta comenzó y aquellos primeros ocho cuartos se convirtieron en dieciséis, luego en veinticuatro y así sucesivamente hasta llegar a setenta y dos habitaciones hacia fines de los años sesenta.
Un hotel en constante evolución
Al ver que la demanda de hospedaje seguía aumentando, Salvador adquirió un crédito y construyó una torre de cuarenta habitaciones para llegar a su inventario actual de 112 habitaciones. Hoy, los primeros ocho cuartos que construyera en 1948 son los locales comerciales que se encuentran frente al hotel en el Paseo Díaz Ordaz.
Salvador hizo crecer su negocio con una filosofía fundamentada en tres premisas: ofrecer una cama limpia, una comida caliente y una sonrisa; no en un sentido literal, sino a manera de analogía. La cama limpia quiere decir instalaciones adecuadas y en orden, la comida caliente significa lo que sea necesario para hacer sentir satisfecho al cliente y la sonrisa es la amabilidad y calidez en el servicio, que ya de por sí distingue a los vallartenses.
Al ser un hotel dirigido por Salvador y su familia, esta calidez permea a los colaboradores y se percibe en el vínculo estrecho que se ha generado entre ellos y con los huéspedes, haciendo que en el día a día se dé una conexión de manera natural.
Esto ha llevado al Hotel Rosita a ser la única empresa en Puerto Vallarta con casi ochenta años operando que sigue gozando de la preferencia de sus clientes. A lo largo de esa trayectoria, cuenta con diez colaboradores ya jubilados tras cuarenta años de trabajo y otros más cercanos a jubilarse, lo cual es un ejemplo a seguir en una industria con alta rotación de personal.
Esa es la historia del Rosita, un hotel que nació por la honorabilidad de un hombre que cumplió su palabra, llevándolo a crear el primer hotel de Puerto Vallarta, cuyo éxito se extiende hasta el día de hoy.
